El fútbol es un deporte generoso. Lo puede jugar cualquiera. Sobre él puede opinar quien quiera. No discrimina si a alguien le falta o le sobra fundamentos tácticos o técnicos. No importa si quien opina carece de conocimientos sobre el juego y lo hace solo por moda, por querer llamar la atención o porque cree que tiene la razón. Ahora, para jugar al fútbol como lo hace Andrea Pirlo, se requiere de una visión privilegiada. De momentos pareciera que al Pirlo niño lo abandonaron y fue el fútbol quien lo adoptó y lo crió, porque él es de momentos una extensión de lo que el juego, en esencia, es. Él pertenece a esa raza de mediocampistas especiales entre los que podemos mencionar al mejor Xavi Hernández, al mejor Pibe Valderrama, al Pep Guardiola que dirigió el Dream Team de Cruyff, en algún momento al mismísimo Juan Román Riquelme. Pasa que Pirlo es un caso aparte, en un país que futbolísticamente se formó con ideas distintas a las que tenían los otros países del continente. Pirlo es único dentro de la Italia única, pero también es clave en la transformación del juego clásico italiano a uno mucho más atractivo, moderno, dinámico y veloz ya no desde lo físico sino de lo mental, que es lo que importa. El fútbol es 90% mental.
Ante Inglaterra es lo que vimos. Un hombre capaz de leer espacios y tiempos. Las piernas, a los treinta y cinco añeros no nos funcionan igual que cuando teníamos veinticinco. Pasa que para el maestro, la evolución mental lo ha llevado a un nuevo plano desde el cual dirige, acelera y frena los destinos de su equipo con absoluta claridad.
El partido ante Inglaterra no ha sido su mejor exhibición, su mejor clase, pero ciertamente, fue una clase memorable. Italia propone aquello que España proponía, pero desde su propia visión: Posesión defensiva, tener la pelota sin la intención real de progresar en la jugada. Esperar al desgaste inglés para dar el zarpazo definitivo. Sirigu ocupó el lugar de Buffon y los laterales italianos difieren mucho de los españoles, con lo que prácticamente se juega con tres y cuatro centrales por la poca proyección de estos comparados con los de La Roja y los de la Canarinha. Darmian se aventura al ataque, pero lo hace muy consciente de sus obligaciones naturales.
En el mediocampo, Pirlo arranca la clase, asiste Verrati un interesantísimo ayudante de cátedra del gran maestro y como invitado especial se junta un Candreva que apunta buenas maneras. Candreva es un mutante delicioso de alta movilidad, capaz de moverse delante de los Pirlo y Verrati y por detrás de sus delanteros y de repente empezar a aparecer por las bandas, casi como un extremo. Prandelli se mostró muy inteligente aprovechando los espacios que liberaban los ingleses.
Inglaterra, por su parte, fue un rival más que digno. Pudo haber terminado llevándose el partido, inclusive. Apostó por un juego mucho más directo, de momentos contragolpeador y también por la presión pero esta faceta podía ser riesgosa porque implicaba un desgaste físico ante un equipo que sabría combatirlo bien como es Italia. Durante casi quince minutos Italia fue presionada por los ingleses, pero poco a poco esto se fue diluyendo hasta realizar una presión solo en su propio campo. Me queda la duda si Hodgson ordenó esto para preservar al equipo físicamente por razones climáticas o bien por generar el espacio para un velocista como Welbeck y sus acompañantes, Sterling y Sturridge. Luego de esos quince minutos y el consecuente repliegue inglés en un 4-4-2, paradójicamente apareció el Pirlo más cómodo capaz de explotar el espacio que su equipo tenía en su propio campo; y si los ingleses atacaban, el buen trabajo de Chiellini y De Rossi aseguraban la recuperación del balón, Pirlo y Verrati aseguraban la continuidad de la transición y la consecuente progresión en un nuevo ataque italiano. El veterano italiano jugó cada vez más suelto y brillante en su intento por retomar el aire en cualquier espacio que el equipo inglés le permitía. Espacio en una cancha siempre hay, es solo cuestión de saber encontrarlo y Andrea era capaz de generar en esos espacios encuentros claves con el balón desde donde lanzaba líneas de pase invisibles, medidas, certeras y a ratos filosas que sutílmente lastimaban a los ingleses.
Brillante Pirlo, como brillante el choque de estilos que nos propuso el encuentro entre ingleses y 'tanos', entre Hodgson y Prandelli, entre la pausa y contrapausa propuesta y el uso de los carriles por el lado italiano y la velocidad e intensidad que proponían los ingleses. El gran maestro estuvo a punto de cerrar la clase con un gol en un tiro libre que rozó el arco rival. Menos mal que no lo hizo, el partido o la clase hubiesen acabado antes.
(FOTOS FIFA)
(FOTOS FIFA)



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